Viernes, 30 Septiembre 2016 00:00

El patrimonio cultural de Laredo, viaja a través de las ondas

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Cuatrocientos radioaficionados fueron conocedores del valor cultural y patrimonial de la ermita de Santa Ana.

 

La ermita de Santa Ana, localizada en laredano barrio de Tarrueza, acogió la última actividad radioeléctrica programada por la sección comarcal de Cantabria Oriental de la URE (Unión de Radioaficionados Españoles), al figurar ésta en el nomenclátor de activaciones valederas para la obtención del “Diploma Ermitas de España”. Es ésta una actividad que tiene por objetivo la promoción y difusión cultural, a través de la radio, del patrimonio arquitectónico religioso existente en nuestro país.

La presencia de los radioaficionados de la sección comarcal de Cantabria Oriental en las inmediaciones de la ermita, se prolongó por espacio de tiempo próximo a las cuatro horas, en el que se realizaron alrededor de cuatrocientas comunicaciones radioeléctricas, todas ellas en la modalidad de fonía. Los radioaficionados contactados están localizados en la totalidad de las comunidades españolas, la práctica totalidad de las provincias, y varios países de nuestro entorno. Todos ellos, a lo largo de los próximos días, serán receptores de la tarjeta QSL electrónica, acreditativa del contacto realizado.

ERMITA DEL S. XVI

Los orígenes de la Emita de Sta. Ana se remonta a finales del siglo XVI cuando, Juan de Rucoba y su esposa, María de la Gándara, vecinos ambos del barrio de Tarrueza la mandaron construir. Uno de sus descendientes, el arquitecto laredano Joaquín de Rucoba realizó en 1891 una posterior reforma que la confirió la imagen actual. Tras su transformación, Joaquín Rucoba obtuvo permiso eclesiástico para inhumar dentro del pequeño templo los restos de sus padres, Ángel de Rucoba, coronel del Arma de Caballería y María Octavio de Toledo. Con posterioridad a su fallecimiento, los restos mortales del propio Joaquín Rucoba y de su hijo Ángel, fueron igualmente inhumados en el interior de la ermita.

 

 

Joaquín de Rucoba y Octavio de Toledo, arquitecto que proyectó el frontón Beti-Jai, nació en Laredo (Cantabria) el 13 de enero de 1844, hijo de Ángel de Rucoba, Coronel de Caballería y María Octavio de Toledo e Igal, perteneciente a una aristocrática familia navarra de Corella. Joaquín de Rucoba vivió desde niño en Madrid, donde trabajaba su padre, militar de formación liberal, al servicio de la reina Isabel, y allí estudiará la segunda enseñanza en el instituto de San Isidro, para ingresar en 1863 en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, hasta 1869 en que obtuvo su título. Tras pasar el curso de 1869-1870 en Vergara (Guipúzcoa) como profesor en la Escuela de Maestros de Obras en dicha localidad, se casa con Clementina Alvarado Herrería, también laredana, con la que tendrá tres hijos: Joaquín, Francisco y Ángel. Ese mismo año de 1870, parte para Málaga donde ejercerá como Arquitecto Municipal de esta ciudad de 1870 a 1883. Allí construirá, entre otras obras, la Plaza de Toros de "La Malagueta" y el Mercado de Alfonso XII o "Las Atarazanas". De 1883 a 1893 vivirá en Bilbao, siendo durante los tres primeros años Arquitecto Jefe de la sección de Obras Municipales, puesto del que dimite en 1886 para dedicarse particularmente al ejercicio de su profesión. Los proyectos más relevantes de este período serán el nuevo Ayuntamiento y el Teatro Arriaga de Bilbao. 

CONTACTO

 

Unión de Radioaficionados Españoles (U.R.E.) Sección Comarcal Cantabria Oriental
c/ Emperador 11, entresuelo 39770 Laredo

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696 437031 

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